Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2006.

Lucas

Lucas es incapaz de levantarse. Necesita ayuda, cree que necesita ayuda, porque no consigue enviar a sus piernas la orden necesaria. Se abandona. Se queda quieto, con la espalda apoyada en la pared fría de cemento. La pared es gris, piensa. No la puedo ver, pero sé que es gris, su temperatura es gris y su color es gris. Siente las pequeñas irregularidades de la pared en su piel, rebasando la camisa. Ojalá pudierá él agrietar a la pared, y no al revés: apoyarse en ella y tumbarla con su simple peso.

Lucas está herido de muerte. Eso él no lo sabe.

Una vez quiso tener un gato blanco. Su madre, aficionada a la brujería y a sortilegios de ocultismo, le prohibió que en casa entrase animal alguno que no fuese negro o, en su defecto, oscuro. Seguramente por eso una vez quiso tener un gato blanco. Y seguramente para Lucas ese gato no era un gato, sino un símbolo de libertad, de una pureza que nunca conoció. La pureza, piensa ahora inmerso en la confusión de la sangre, es imposible. Nadie llega a ella, solo los locos, y no todos. Yo estoy completamente loco y no sé ni a qué se parece. Miento, se parece a un gato blanco.

Es noche cerrada. Se enciende una luz verdosa en una ventana del tercer piso del alto edificio de enfrente. Unos dedos hábiles corren levemente la cortina, le siguen los ojos grandes de alguien. Una muchacha abre finalmente la ventana y se asoma. Saca medio cuerpo. Lucas intenta concretar la dimensión de sus pechos. Viste un camisón de tela gruesa,y no alcanza a distinguir los pezones. El tamaño en todo caso es mediano, tirando a escaso. Lucas prefiere las mujeres de pechos grandes, no desproporcionadamente grandes, solo grandes. Seguramente por eso cierra los ojos y se hace el dormido. La muchacha cierra la ventana y enciende el televisor.

...las estrellan brillan débiles en el firmamento, mientras tanto se hace de día...

Lucas despierta cuando el sol del amanecer le golpea en los ojos. Abrazada a sus tobillos una chica de ojos grandes le mira fijamente. Sonríe e inclina la mirada. Lucas vomita sangre, pero ella sigue sonriéndole con los párpados empapados. Un lágrima roja cae.

Siente una punzada definitiva en el costado, busca con su mano ese lado, palpa la barra, y se retuerce. La muchacha se yergue y le abraza con angustia. Lucas le susurra entonces una canción al oído. Su voz se apaga, pero siente la irrefrenable determinación de explicarle a una extraña lo único que sabe con certeza: no hay más allá de aquí, aquí está todo, en mi cuerpo, en tu cuerpo, cabe todo, no hay más allá, dentro de cada uno de nosotros está todo lo que somos, lo de fuera es mentira, una ilusión de luces, de colores, de figuras, somos mucho más que lo que sentimos de nosotros mismos, mucho más que lo que nos rodea, dentro somos todo, pero no acertamos a comprenderlo hasta que llegamos al borde de las cosas, yo tengo que morir para saberlo, tú lo sabes ahora de mi boca, no mires fuera, fuera no hay nada, recuerda, todo está dentro de ti, las flores, los paisajes, todo, el amor es falso, si no es dentro, las palabras no significan nada si no las escuchas dentro, los pájaros, las lámparas, todo, los demás están dentro de ti, y tú estás dentro de ellos, ese es el secreto, pero no puedes decírselo a nadie.

Sus manos caen. Otra boca besa sus labios inertes. Cubre con su camison el cuerpo del difunto y, descalza, camina hasta una playa donde bañarse desnuda. 

Enviado por Ideante.

01/06/2006 12:10 Autor: anamariproductions.

C.

Descalza. Empujando un carro con una bolsa de trapo cuatro veces más grande que ella, recorre las calles al anochecer. Tiene que darse prisa o llegará antes el camión de la basura. Para ella, la pobreza nunca fue bella. Hace ya un par de años que no sueña con nada. Se hizo grande de golpe.

01/06/2006 17:53 Autor: anamariproductions.

Requiem por Nagasaki

“Estos tiempos no son buenos para nadie”- Las oyó murmurar mientras terminaba de soltar los amarres de las escotofías.
- Apa Ander ¿sales ya?- saludó Neguri acercándose hasta la barca por detrás de las mujeres.
- Antes de que baje otra vez la marea- contestó Ander sin levantar la vista y las manos de los amarres. Que sabrán estas- pensó- Hubo un tiempo en que podía cruzarse la ría caminando de toda la mierda que echaban las fábricas al agua y mira ahora, los japoneses construyendo apartamentos de lujo en la orilla…, por no hablar de lo otro
- ¿Neguri?- recordó levantando ligeramente la cabeza
- Dime primo
- Ayer ví una película asiática, el protagonista era actor de esos porno y no decía palabra
- Psss, ¿hasta dónde piensas ir hoy?- preguntó Neguri como si no le hubiera escuchado.
Eso era lo bueno de su primo Neguri- se dijo- es de las pocas personas que sabe que hablo en voz alta tirando las palabras
- Hasta Nagasaki, voy a coger rodaballo- respondió soltando el último amarre.
Segundos después comenzó a remar y enderezó el torso girándose hacia el muelle para dirigirse a su primo:
- Tabarretxe goyuela lamiako leyoa aetrabarroa indautxu.
Su cabeza había saltado de órbita, de repente giraba demasiado rápido. Ander no encontraba las palabras que se había dispuesto a decir, la vista se le nubló y en aquel mismo instante no supo si se dirigía ría arriba o ría abajo. La última vez que había ido al médico, hacia ya años, este le había dicho – cuidate esa tensión Ander. Pero ¡¿qué era la vida sin anchoas, txiquitos y bacalao?!. Sacudiendo la cabeza dos segundos después, enfiló la pequeña barca aguas adentro y vio que Neguri lo miraba con un gesto divertido. El Agur se escurrió de sus labios en un suspiro resignado, acostumbrado como estaba a aquellos breves episodios de falta de riego. Pronto, la barca estaba cortando el agua con suavidad dividiendo la ría en dos mitades ondulantes. Le reconfortó pensar que se dirigía a Nagasaki, la pequeña cala cerca de la desembocadura que bautizó con aquel nombre después de haber visto a una niña japonesa con padres occidentales. Aquel día recordó los diez años que había pasado en la ciudad costera japonesa trabajando en las primeras fábricas bacaladeras de Asia y pensó que el mundo estaba dando la vuelta misteriosamente.
- Voy a coger un rodaballo como los de entonces- dijo en voz alta evocando los atardeceres de las playas de Nagasaki cuando pescaba desde la misma barca de mimbre dónde dormía con el resto de los compañeros -Voy a llevárselo a Irene, esa mujer tiene manos de asiática cocinando el pescao. Eso sí, antes me paso con Neguri a por un vino – concluyó satisfecho.
Un rato más tarde, anclado ya al otro lado del mundo y sentado en el pescante sonrió acordándose de la película de la noche anterior e imaginando el vino y la cena con su mujer, que a parte de manos asiáticas para cocinar el pescao también las tenía igual de habilidosas para otros menesteres conyugales. Neguri esperaría el regreso de Ander sentado en la misma naisa del muelle en el que este le encontraba expectante cada vez que regresaba del mar desde hacía años ¡¿qué has traído?, ¿qué has traído? Le gritaría nada más verle doblar la esquina del puerto. Aquella escena solo se había visto alterada los días de atentados. Esos días Neguri permanecia sentado en la escotofía sin moverse y Ander sabía ya,  antes de llegar al muelle, que había habido muertos. De improviso tuvo que poner atención en el sedal, el hilo le hacia una marca roja en la palma de la mano y se vió obligado a echar todo el peso de su cuerpo hacia atrás. – ¡Zatoz nirekin txapelduna!- exclamó.
05/06/2006 13:55 Autor: anamariproductions.

Un domingo

Me lo había comido a besos. El domingo estaba ya en casa. Me había despedido de él. Pero me llamó. Y bajé. Y nos devoramos. Mientras, mi marido husmeo en el móvil. Me descubrió. Luego, vinieron las preguntas, y sobretodo, un orgullo herido. Al final todo es orgullo. La traición es una puñalada en el orgullo. La infidelidad es una puñalada en el orgullo. Nada más. Y hablamos y hablamos y a esperar que el tiempo diga. El orgullo no es una herida que cicatrice. Y mi hija no pregunta nada. Está más callada que de costumbre. Mira como si nos viera perdidos. No va muy equivocada.
05/06/2006 22:21 Autor: anamariproductions.

El banquete

A Pedro Lisboa le gustaba contar historias. Todo el pueblo le escuchaba, aunque a veces no entendieran sus relatos, aunque les produjera un cierto desasosiego el no saber si eran ciertos o inventados, cuando Pedro hablaba siempre había una buena razón para atenderle.

Un día, en el banquete atiborrado y alegre de una boda, alguien le gritó:

-¡Venga Pedro, di algo!

Todos se giraron, divertidos, hacia el hombre que miraba distraído cómo se deshacía el humo de su cigarro. Éste apuró su copa, carraspeó ligeramente y comenzó:

-Una vez, no muy lejos de aquí, conocí a una mujer, vamos a llamarla "A". Esta mujer había tenido varios amantes. A algunos los quiso y a otros no. Un buen día llegó a su pueblo un hombre, al que llamaremos "B". "A" estaba realmente intrigada con el forastero, y se empeñó en llamar su atención. Como os habréis imaginado, y para saltarnos la parte menos interesante de esta historia, "A" y "B" se juntaron en una ecuación. Se juraron un montón de cosas, se dieron mil atenciones y se regalaron flores. Así fueron pasando los años, cuando una mañana...

Pedro Lisboa hizo una de esas pausas que tanto le gustaban. Los comensales se miraron inquietos. El hombre le dio otra calada a su cigarro y dejó que el humo se le escapara entre los dientes. Todo el banquete esperaba a que continuara.

-Aquella mañana de domingo, lo recuerdo perfectamente porque estas cosas no se olvidan, "A" se despertó y comenzó a hablar en malayo.

La audiencia dio un respingo. Pedro les hizo un gesto para que se contuvieran y prosiguió así:

-Yo mismo lo escuché; estaba por allí por razones que no vienen al caso. Pero eso no es todo: ¡"B" se despertó hablando en islandés! Mis compañeros marinos reconocieron las dos lenguas.

Estas palabras terminaron de exaltar a todos: unos reían, otros fruncían el ceño, casi todos lo tomaban por loco. Entonces alguien preguntó:

-¿Y qué hicieron?¿Se separaron?

Alguien añadió riéndose:

-¡No!¡Se fueron uno a Malasia y la otra a Finlandia!

Pedro Lisboa pidió que le rellenaran la copa. Y cuando hubo bebido, remató:

-No. Aún envejecen juntos. No se han dado cuenta de que ya no se entienden.

 

Enviado por Evaristo Pandeayer

14/06/2006 18:30 Autor: anamariproductions.

El Ventilador

... Salí de casa con la bolsa de la basura maloliente, soy a veces
perezoso y suele suceder que hasta que la basura no es algo
maloliente no caigo en la cuenta de que toca sacarla del piso, y me
dirigí al contenedor sito a escasas decenas de metros del portal. Me
acercaba sin prisa y sin pensar en nada que recuerde cuando algo que
había al lado del contenedor robó mi atención. Era un ventilador
doméstico que descansaba de pie en el suelo, con el cable negro que
siempre muere en el enchufe dibujando varios bucles sobre la calle,
justo delante de mi. El enchufe quedaba recostado en una lata de
cerveza maltratada que dormía también en la calle. Era un ventilador
cualquiera con su rejilla y sus comandos bàsicos, de color corriente,
tan corriente que ni retuve. Sí retuve al momento algo que me
sorprendió gratamente, las aspas del ventilador giraban con brío
cantando con un ligero zumbido. Al instante tuve la sensación de
estar presenciando algo mágico. Alguna desconocida quimera estaba
haciendo funcionar el ventilador sin alimentación eléctrica alguna.
Maravilloso. Pensé al momento en lo bonito que es que sucedan cosas
sorprendentes que van a la contra de lo establecido y que le obligan
a uno a discutir sus comunes esquemas y prejuicios, aunque, como ese
día me sentía especialmente perezoso, no me tomé ni la molestia de
preguntarme cómo era realmente posible que el ventilador funcionase,
más cuando alguien ya había decidido que debía acabar en el
contenedor rodeado del montón de utensilios y desechos que tiramos
sin cuestionarnos la verdadera necesidad de ese acto. Me quedé unos
minutos plantado delante del ventilador, con la mirada fijada en el
movimiento continuo y regular de sus aspas y sin oir nada más que ese
ligero e incesante zumbido, pocos minutos o varios minutos, poco
importa, hasta que el malolor que desprendía la bolsa de basura que
seguía sujetando con mi mano derecha, entró en mi nariz... ese olor
que alguna brisa debió empujar... ese olor que al despertarme hizo
que cayese en la cuenta de que realmente había una brisa empujándolo,
una brisa que no era una simple brisa, era una brisa que conseguía
también mover con mucha alegría las miles de hojas de los enormes y
centenarios plátanos que hay a lo largo del paseo que limita la calle
donde vivo, definitivamente una brisa que, sin pedirle permiso pero
seguro que con el beneplàcito del ventilador, animaba sus aspas
consiguiendo que se moviesen de manera contínua y regular, con un
ligero e incesante zumbido, a pesar de que su enchufe estaba
recostado en la maltratada lata, muy lejos de cualquier toma... El
día en que deje de sorprenderme por cosas como un ventilador
funcionando a su aire, me habré convertido en un ser permanentemente
perezoso. Acabo añadiendo que cuando la brisa delató la quimera me
quedé aun un minuto más mirando el ventilador, esperando con mucho
deseo que la misma brisa consiguiese levantar su vuelo hasta el
infinito, pero eso, muy a mi pesar, no sucedió mientras miraba y
acabé regresando... Eso si, si algún día veis un ventilador volando
por el cielo y arrastrando su cable a modo de cola de cometa, ya
sabeis de donde viene.
 
Enviado por X. Plana
14/06/2006 18:54 Autor: anamariproductions.

Una gota de leche

Cuando Rinko Kawauchi era pequeña descubrió que no tenía sombra. Desde entonces no pudo tomarse casi nada en serio, lo único que llegó a inquietarla de vez en cuando era la mirada perdida de los bebés justo después de haber amamantado. Rinko pensaba que aquel brillo en la mirada de los pequeños extasiados se dirigía precisamente a esa sombra suya que a buen seguro estaría haciéndoles carantoñas o susurrándoles hermosas canciones de cuna. A veces, cuando Rinko era todavia una adolescente, antes de abrir los ojos de golpe por la mañana, miraba entre los espacios de sus pestañas para descubrir las lineas de luz que proyectaban las persianas en las paredes del cuarto.

De mayor se hizo fotógrafa, para capturar las sombras de las cosas. El día de su mayor satisfacción profesional fue aquel en que consiguió inmortalizar a un bebé con la mirada perdida en el techo y una gota de leche cayéndole por el moflete derecho. Aquel día sintió una felicidad pasmosa toda la tarde. Al volver a casa, después de revelar los carretes en blanco y negro, se topó en la esquina de su calle con una sombra asombrosamente parecida a la de su madre. Estaba sentada en el zaguán de una tienda que ya había echado el cierre y vaciaba los botellines de cerveza a una velocidad vertiginosa. Rinko olvidó sacar la cámara del bolso. Las piernas solo la sostuvieron lo que tardó en sonreir cortesmente para sentarse a celebrarlo y echar el primer trago.

17/06/2006 14:14 Autor: anamariproductions.




A.M.P.

Cuando imaginas puedes ser lo que quieras, ser muchos o ninguno a la vez. Diez minutos para inventar realidades y separar, momentaneamente, el suelo de los pies.

Un espacio para la lectura y publicación de relatos cortos de ficción. Diez minutos. Un universo. Evianos tu relato a anamariproductions@yahoo.es
Los selecionados seran publicados y distribuidos en Madrid y Barcelona. ¿La extensión? entre una frase y dos folios.

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